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Número 14 - Noviembre 2020
A 100 años de "Más allá del principio del placer".
Pulsión de muerte y compulsión a la repetición

Francisco Javier Herrera Amavizca


“La evidente brutalidad de nuestros
 tiempos pesa sobre nosotros.”
Sigmund Freud 1

A la luz de los acontecimientos que se han venido presentando en el mundo con respecto a la pandemia por Covid-19 o SARS-2, hemos presenciado que la muerte ha sido un significante que ha ocasionando en la población mundial incertidumbre con respecto al temor de contraer el virus. El estar observando como espectadores día a día a través de los medios de comunicación tradicional (radio y tv), así como por los medios noticiosos por internet y redes sociales, ha venido generando cierto estado de tensión y temor en la sociedad. Entonces bajo la perspectiva de estos cambios que hemos vivido de manera vertiginosa es conveniente cuestionarnos ¿qué nos impulsa a vivir en este momento actual embargado por el sufrimiento y el dolor ante la pérdida? 

La calamidad por la cual estamos atravesando como decía, da testimonio de la importancia que tiene para el psicoanálisis el concepto de pulsión de muerte en la teoría y en la clínica psicoanalítica. Por ello es necesario desplegar ideas sobre este concepto que Freud nos planteó ya en 1920. Aunque este concepto cardinal dentro de esta obra fue presentado con anterioridad por Sabina Spielrein en 1911 cuando ella describe como agresivos los componentes sádicos de la pulsión sexual, Freud primeramente lo rechazó aunque comenzó a darse cuenta tiempo después que preexiste un más allá del territorio donde domina el principio de placer.

Conforme sabemos ya hace 100 años también apareció la pandemia conocida como, La Gripe Española y la  cifra de muertos que arrojó fue superior a la que había dejado la primer Guerra Mundial o Gran Guerra entre 1914 - 1918.

La Gripe Española mató entre 1918 y 1920
a más de 40 millones de personas en todo el mundo.
Se desconoce la cifra exacta de la pandemia que es
considerada la más devastadora de la historia.
Un siglo después aún no se sabe cuál fue el origen
de esta epidemia que no entendía de fronteras
ni de clases sociales.
Gaceta Médica, España. 2

La referencia es importante ya que fue un parte aguas que dividió el pensamiento creativo y el sufrimiento para Freud, debido a que la pandemia le asestó un duro golpe al arrebatarle a su hija Sophie,(madre de Ernest, nieto con el que Freud descubre el juego del carretel o Fort-da), quien afectada por la epidemia desde la aparición de los primeros síntomas hasta su fallecimiento vivió tan solo cinco días. Por desgracia, Freud y su esposa Martha no pudieron asistir al funeral de su hija. Sophie se encontraba embarazada, condición por la cual aseguraba Freud influyó permitiendo que la influenza hiciera su trabajo letal ya que su estado de salud se encontraba debilitado, lo cual a su vez le llevó a exigir al gobierno y en especial a los ginecólogos de su época que deberían de implementar medidas de prevención de embarazo en mujeres casadas para que estas no estuvieran vulnerables al afrontar enfermedades.

“El infeliz destino de mi hija parece albergar una advertencia que
no suele tomarse muy en serio. Por una ley necia e inhumana que
obliga a continuar el embarazo a mujeres que no quieren hacerlo,
 se vuelve evidente que los médicos deben indicar los medios adecuados
 e inocuos para prevenir embarazos (matrimoniales) no deseados.
Espero que al menos casos como el de Sophie sirvan para que
 los ginecólogos reconozcan la importancia de su tarea”.
Cartas a sus hijos. Sigmund Freud. 3

Bajo estas experiencias trágicas en su vida, publica una de sus obras fundamentales: “Más allá del principio de placer”, la cual ya había trabajado en el año de 1919.  Poco después de la muerte de su hija, a Freud le descubrieron un cáncer en la boca, enfermedad que lo acompañó por el resto de sus días. Sin embargo, el golpe más duro vino tres años después; en 1923 su nieto Heinz hijo de su hija ya fallecida Sophie murió de tuberculosis. El progreso de la enfermedad de su nieto volvió previsible el final. Su muerte lo afectó en gran medida. Cinco años después de la partido de su nieto, Freud en una correspondencia con Ernest Jones le confiesa sentirse cansado de la vida y que sentía haber perdido todo impulso vital, siendo este mucho peor incluso que el cáncer con el cual venía lidiando.

En más allá del principio del placer Freud nos revela que los sobrevivientes de la Gran Guerra desarrollaban neurosis traumáticas4  y en los sueños traumáticos encontró que el soñante repite constantemente el acontecimiento que lo dejó anonadado, siendo esta una gran herida emocional. Revelando de tal forma que el síntoma es producto de un exceso de excitación que anula el principio de placer en el soñante.

El concepto trauma es un concepto de origen griego pre-clásico del siglo VII A.C, que aparece asociado a una experiencia de lo inasimilable. Trauma remite a la idea de un sujeto que es anonadado por una vivencia que lo violenta.
En el libro, Psicoanálisis , método y aplicaciones. Silvia Resnizky nos comparte lo siguiente:

“Una acepción de lo traumático que escuché del Dr. S. Kovadloff, me interesó particularmente. Él aludió a la palabra griega traumatsen que quiere decir asombro, irrupción súbita de una verdad insospechada que lejos de paralizar al sujeto, lo induce a obrar, a pensar. En el asombro, el sujeto está sumido en la perplejidad, que sin embargo, lo convoca a encontrar una nueva significación. Desde esta perspectiva lo traumático paraliza y habilita al mismo tiempo, podría ser el foco de una capacidad instituyente, dando al sujeto la oportunidad de acercarse a un conocimiento de sí del cual había permanecido ajeno hasta ese momento, así como a la creación de algo nuevo imposible de imaginar antes.”5

Dicho traumatismo,  produce la irrupción súbita de una verdad insospechada que paraliza la cotidianeidad creando la pérdida de la ilusión de continuidad siendo esta como una grave herida emocional. En donde lo que puede ser dicho no lo representa, es decir, que no alcanzan las palabras para describir la experiencia vivida, es como si una parte de esta experiencia se escapara a toda posibilidad de subjetivación. Entonces el trauma es lo que no puede ser tramitado, ligado e integrado en sistemas de huellas mnémicas.

Debo de aclarar que no existe un acontecimiento traumático absoluto y que ante mayor desvalimiento del sujeto existe una mayor posibilidad de que se produzca un trauma. Cada sujeto responde desde su singularidad, según el momento en que ocurre, según también las repercusiones que pueda tener con su propia historia y la posición que adopte frente a dichas experiencias de vida.

“Ahora propongo abandonar el oscuro y
árido tema de la neurosis traumática
y estudiar el modo de trabajo
del aparato anímico en una de sus
prácticas normales más tempranas.
Me refiero al juego infantil”
Sigmund Freud.
Más allá del principio del placer.6

En el juego infantil, encontramos que el motor del juego es la compulsión a la repetición que le permite al infans crear un espacio de soporte ante la emergencia de la pulsión de muerte y que este sea el motor de una acción que lleva a la pulsión de vida. Freud nos describe el juego de su pequeño nieto y como esto lo acerca a ponderar lo que este juego le permite crear para soportar el desvalimiento primario para poder constituirse como sujeto.

Podría decirse que es un juego paradigmático en tanto que en él aparece la importancia de la acción para generar una primera actividad en la que se incluyen la fantasía, la palabra y el movimiento corporal, en donde el niño va constituyéndose. Allí donde la muerte se transforma en una pulsión que se encuentra desde el momento en que nace el sujeto y de la cual surgen la agresión y la destructividad como consecuencia de su condición pulsional.

En su primera formulación, Freud va a oponer pulsiones sexuales a pulsiones de autoconservación. Lo real va a aparecer bajo la forma de necesidad. En la segunda formulación opone pulsiones sexuales y pulsiones de muerte donde lo real toma forma de pulsión de muerte. Existe aquí también en este texto la reflexión freudiana acerca de que el cuerpo a diferencia del que es representado por la anatomía es un cuerpo que, en la proporción de su geografía, se encuentran los desplazamientos y la condensaciones que rigen el proceso primario y en este debe entendérselo a partir un aparato psíquico cuyas leyes describe y define un cuerpo fundado en el deseo inconsciente y ese cuerpo debe de dar cuenta de un organismo que lleva desde un comienzo su propia destrucción, ya que es finito. La muerte real aparece bajo la forma de una pulsión, Todestrieb que, en el psiquismo, se traduce como compulsión a la repetición.

Puede decirse que Freud realiza el mismo desarrollo en relación a la muerte, en tanto ésta, al transformarse en una pulsión, no queda ceñida a la muerte real, definitiva -que por otro lado no es competencia del psicoanálisis- sino que está presente de entrada en todo sujeto humano.

Encontramos que en la debilidad del sujeto al sufrimiento y el dolor, el auto castigo, el fracaso al triunfar, el masoquismo, las expectativas catastróficas, el suicidio, en última instancia la insistencia por lo displacentero, nos están mostrando esta tendencia hacia la compulsión a la repetición.

Freud nos advierte que la vida está atravesada por la muerte; con su presencia ominosa que nos remite a la primera muerte que señala el desvalimiento originario que aparece con nuestro nacimiento y guarda especial relación con la agresión y la autoagresión. La expresión psíquica de estos embates se muestra en la compulsión a la repetición en la relación pulsional, en la cual la pulsión de muerte tiene la función de desligar, de desestructurar, en oposición a las pulsiones de vida, al Eros que tiende a ligar, a estructurar.

Desde este cuerpo habla el sujeto para dar cuenta de cómo se articula el mismo con su historia personal en una cultura determinada cuya red de significaciones va a hallarse atendiendo a las leyes que rigen el aparato psíquico. Freud desarrolla el concepto de pulsión de muerte y plantea que el mismo se va expresando en el inconsciente a través de una compulsión a la repetición que lleva al sujeto a colocarse en situaciones dolorosas, repitiendo experiencias no recordadas del pasado, pero que recuentan a su presente así pues la compulsión a la repetición puede quedar en un indisoluble repetir.

 

Notas

1. Carta de Freud que escribió al pastor Oskar Pfister un 27 de enero de 1920 para contarle que la “gripe española” le había arrebatado a su hija.
2.Gaceta Médica, España, 07 de noviembre del 2020.
3. Cartas a sus hijos. Sigmund Freud, p.605. Edit. Paidós.
4. El concepto de neurosis traumática lo acuñó Hermann Oppenhaim, neurólogo Alemán, quien realizó trabajos de investigación con Karl Abraham y Carl Gustav Jung, lo denominó así en el año de 1884, en ese momento se reunía bajo el término neurosis traumática a un conjunto de cuadros sin ninguna unidad clínica que habían sido observados en accidentes de ferrocarril. La afección fue individualizada primero a partir de acontecimientos ligados a accidentes y luego a las guerras.
5. Psicoanálisis, método y aplicaciones. Análisis de una neurosis traumática. Silvia Resnizky, Buenos Aires, 2001. Vol. XXIII. p. 135, 136.
6. Freud, Sigmund, “Más allá del principio del placer”, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1979, O.C., tomo XVIII.p.14.

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