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Número 15 - Noviembre 2022
El analista en el discurso (*)
Martín Sabella


Lacan ubica el surgimiento del discurso del psicoanálisis a partir de Freud. Es el quien logra un pasaje, una “revolución” entre comillas, que, en verdad, tal como se corrige Lacan, se trata, dice, de una subversión en la estructura del saber (1). Resulta interesante seguir algo del recorrido que hace Lacan en las charlas de los años 71 – 72 que han sido agrupadas bajo los títulos de Seminario 19 bis, Hablo a las paredes, o el saber del psicoanalista. Ya que la cuestión del saber aparece ligada a la teorización de los discursos.
En el momento que Lacan señala el surgimiento del discurso del psicoanálisis, lo que encuentra Freud es algo que atañe al cuerpo. Lo que Freud descubre a partir de las primeras pacientes del psicoanálisis es que hay una implicación del cuerpo y que no se trata del cuerpo de la anatomía, es decir el cuerpo del discurso de la ciencia. El cuerpo aparece atrapado por el discurso, según se expresa Lacan en el seminario 19. Lo que allí indica es que lo que se produce a nivel del cuerpo tiene relación con lo que se articula mediante el discurso (2).
Lacan sugiere la pregunta, durante estas charlas, de si el discurso del psicoanálisis es suyo o de Freud. Deja en suspenso la respuesta, aunque podríamos conjeturar siguiendo el desarrollo que allí va haciendo, y clases del seminario, que le reconoce la propiedad a Freud, aunque puede sostener que su trabajo se trata de poder formalizar ese discurso, ponerlo en forma. Poder pasarlo a la teoría vía la escritura en matemas, lo cual, entendemos, lo separa de quedar del lado de la palabra que siempre es un mediodicho.
Durante las tres primeras charlas, Lacan va trabajando con los conceptos de saber, verdad y goce. Son estos los términos que designan lugares dentro de los cuatro discursos que formula Lacan. Y que implican al cuerpo en el sentido del cuerpo
como sede del goce, no se puede gozar sin cuerpo, el cuerpo es el soporte del discurso.

La creación del dispositivo analítico implica una subversión en la estructura del saber. No resulta un progreso en el sentido del avance del conocimiento, del avance de la ciencia, sino que crea las condiciones para que se ponga de relieve aquello que los otros discursos obstaculizan, la relación del ser parlante, justamente con la palabra y con su cuerpo; con el goce y el saber inconciente sobre la castración. Hará surgir ese saber inconciente de goce que se enlaza al cuerpo. Es por esta vía que la interpretación puede tocar lo real del goce del cuerpo, alcanzar por la vía de la verdad el saber inconciente.

En el dispositivo analítico habrá dos cuerpos, al inicio, confrontados. Confrontados entre ellos, durante las entrevistas preliminares, y dentro del discurso común confrontados cada uno con la castración. El cuerpo del analista esta implicado en el dispositivo. Resulta importante pensar que con su cuerpo, tendrá que soportar, ser soporte del discurso del psicoanálisis una vez instaurado. Seguir esta línea en la lectura de estas charlas, en las cuales Lacan enfatiza que se dirige hacia analistas, me remitió a aquel escrito en el cual Lacan propone poner al analista en el banquillo. El escrito es “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Esperaba, quizás porque en nuestro medio se repite muchas veces que “en la clínica hay que poner el cuerpo”, encontrar algo en la misma línea en cuanto a que lo que el analista debe poner en la relación analítica es el cuerpo. Pero, en ese escrito, lo que se encuentra es que lo que pone el analista es su persona en cuanto a que “la presta como soporte de los fenómenos singulares que el análisis ha
descubierto en la transferencia” (3). Sin duda, cuerpo y persona no son lo mismo. Pero teniendo en cuenta el recorrido realizado hasta aquí, tanto si nos ocupamos de la persona del analista como del cuerpo del analista , ambos tienen algún lugar dentro
del dispositivo del análisis. La persona será el soporte de la transferencia mientras que el cuerpo será el soporte del discurso. Del lado del analizante la persona del analista tomará el lugar que este le otorgue en la transferencia. Del lado del analista, en relación a su persona, quedaran sus sentimientos, ideales, prejuicios, que son los que quedan fuera del juego ya que se espera que el analista ocupe el lugar del muerto, según indica Lacan, utilizando la metáfora del juego del Bridge. En este sentido la persona del analista se ubica desde el registro de lo simbólico y lo imaginario. En cuanto al cuerpo, ligado al goce, podemos pensarlo mas ligado al registro de lo Real. En este aspecto, para el analista, también habrá una suspensión de los valores de goce del discurso común para poder operar como analista.

Hacer la experiencia del análisis será lo que le permita al analista poner en juego su persona y su cuerpo instaurando el discurso del psicoanálisis. El saber del psicoanalista pasa por estar advertido sobre el goce propio y no se trata de cuánto sabe, ya que, lo que pueda saber, si mucho o poco, siempre estará en tela de juicio por estar ligado al plano del sentido y a la significación fálica.

Notas

(*) Texto presentado en las XXI Jornadas de Quilmes y sus Psicoanalistas: “Lacan Interdicto”, realizadas el 13 de Agosto de 2022 por la Comisión de Quilmes y sus Psicoanalistas del Colegio de Psicólogas y Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires Distrito XII.
1 Lacan, J., Seminario 19 bis …Ou Pire, El saber del psicoanalista (charlas en St. Anne), clase del 4 de Noviembre de 1971, www.bibliopsi.org
2 Lacan, J., Seminario 19, …o peor, Buenos Aires, Paidós, 2014, p. 220
3 Lacan, J., La dirección de la cura y los principios de su poder, en Escritos 2, Mexico, Siglo XXI, 2009, p. 561

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